Número 7 / Seminario Bíblico Alianza del Perú Abril / 2001
Por Miguel Vásquez P.
En un estudio científico realizado recientemente se colocó un roedor en una tina de agua. Luego de cuarenta y cinco minutos de lucha para mantenerse a flote, el roedor se ahogó. (No, ahí no termina la historia.)
Luego los científicos colocaron otro roedor en el agua. Esta vez, después de treinta y cinco minutos, cuando el pobre roedor se encontraba al borde del agotamiento, lo rescataron. El resultado: cuando volvieron a colocar el mismo roedor en el agua (después de dejarlo descansar), nadó y pataleó durante muchas horas. ¿Por qué? Pues porque tenía la esperanza de que lo rescatarían, así que no se dio por vencido tan fácilmente.
La esperanza puede llevarnos a logros comoéste. La promesa de que vendrán mejores tiempos nos puede ayudar a sobrepasar las peores situaciones, llenándonos de una energía que no sabíamos que teníamos.
Los cristianos del primer siglo lo sabían por experiencia propia. Comenzaron a sufrir persecuciones en tiempos de Nerón, y algunos hasta perdieron la vida. Sin embargo, la Iglesia perduró porque esos primeros cristianos sabían que irían al cielo. Así que cuando Pedro los alentó diciendo: «... esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado» (v.l3), le creyeron de corazón.
Has confiado en Cristo y por ello compartes la misma esperanza de su regreso. No importa lo que tengas que dejar por tu fe, sea amigos, reputación, u oportunidades de avance, tienes la esperanza de que te espera algo mejor.
¿Te estás comenzando a sentir como el roedor del experimento, nadando desesperadamente para mantenerte a flote?
Pon tu esperanza en las promesas de Cristo. Su resurrección nos da la seguridad que nos ayuda a continuar, aun cuando nos encontremos en aguas profundas durante mucho tiempo.
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