¿ES EL PÉSAME UN BUEN PROTOCOLO?

. TEXTO: Fil.1:21-23

“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia… teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor”

. INTRODUCCIÓN.

La Partida a la eternidad o también llamada “pérdida o defunción” de un ser querido afecta de forma profunda a las personas, es por esto que frente a estas situaciones existen algunos protocolos para saber cómo actuar, qué decir y qué hacer ante esta circunstancia o eventualidad. 

Hay que reconocer que algunas veces, no es fácil saber qué decir. No es una habilidad con la que nacemos ni una que nos enseñen. En general nuestra sociedad evita hablar sobre la muerte y el luto. Muchos de nosotros hemos tenido poca experiencia lidiando con personas que sufren un dolor emocional apabullante; así que no siempre es evidente cuándo causamos más daño que beneficio. Habría que tomar en cuenta algunas preguntas recurrentes al respecto.

  • ¿Es la muerte para el creyente un motivo de tristeza

No necesariamente debiera ser así, porque la muerte de los creyentes es cosa estimada para Dios: “Estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos” (Sal.116:15). ¿Por qué? Porque para los que creemos en Cristo la muerte no es el fin, sino el principio de una nueva vida (perfecta) por siempre con Dios. Será la reunión de un hijo con su Padre Celestial. Por eso es que solemos decir que el hermano o hermana “Partió a la Presencia del Señor”, y no solemos decir a secas “se murió o falleció”.

Aunque suene contradictorio, en el buen sentido de la expresión, esto debe ser un motivo de gozo, y aliento para aquellos que somos creyentes. La muerte, que atemoriza a la gran mayoría de gente no creyente nunca debiera ser para los hijos de Dios motivo de pérdida de su paz, de su gozo ni de su seguridad. 

En realidad, San Pablo, dijo que morir e ir con el Señor era “…muchísimo mejor;” (Fil.1:23) que cualquier vida que podamos tener aquí en la tierra. Nada que pueda hacernos felices aquí se compara con el gozo pleno que encontraremos allá. La muerte es para los creyentes la puerta inmediata a la Presencia de Cristo (Fil.1:21–23).

El morir es ganancia para los hijos de Dios. De ahí que Pablo dijera palabras de ánimo al final de sus días: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2Ti.4:7–8). 

  • ¿Es correcto lamentar la muerte de los creyentes en Cristo

Sin duda, nos condolemos de las víctimas por haber fallecido ya en un accidente, un terremoto, muerte natural o en particular, en este tiempo tan dramático de la pandemia C-19, y en especial, de los sobrevivientes que están de duelo; de modo que también cuando Parten a la eternidad, parientes, conocidos o compañeros de trabajo, los cristianos normalmente mostramos bondad al expresar sinceras condolencias a los miembros sobrevivientes de la familia.

Cuando un fiel cristiano ha tenido la experiencia de Partir con el Señor, aunque confiadamente creemos que ha recibido su galardón celestial, humanamente lo lamentamos. Después de todo, lo vamos a echar de menos; pero no nos afligimos inconsolablemente, en las palabras de san Pablo: “como los que no tienen esperanza” (1Tes.4:13-15) 

  • ¿Cuál es la actitud frente a los familiares en este trance?

Una de las primeras cosas que se debe tener en cuenta en el momento de presentar este saludo, es a quién va dirigido; no es lo mismo dar esta condolencia a un conocido, que a un amigo o a un familiar; esto depende mucho de la relación que se tenga con la persona que ha perdido un ser querido.   

Se suele decir usualmente “mi más sentido pésame” o “le presento mis condolencias”. El diccionario define al pésame como: “la expresión con que se manifiesta a alguien el sentimiento que se tiene de su pena o aflicción, especialmente por la muerte de una persona”. 

A la luz de saber que el creyente ha ido a la Presencia del Señor o a la Patria Celestial,se sugiere que la forma más real, cristiana y bíblica es decirle a los deudos:” reciba mi solidaridad y que el Señor le consuele y fortalezca en este momento que está afrontando”. Sin embargo, esto no siempre se le da bien a la gente. 

Debemos recordar que las personas en un momento como éstos, sí, están sufriendo un intenso dolor emocional. Por tanto, debemos ser lo más respetuosos con sus procesos de duelo, cada muestra de cariño o afecto es totalmente personal.

  • ¿Qué reglas generales hay para este protocolo?
  • Regla 1: No se trata de uno, sino del deudo.
  • Expresiones por evitar:
  • “¡Dios mío, yo no podría soportar!”
  • “No te llamé porque supuse que querías estar sola(o)”.
  • “No fui a visitarlos porque odio los hospitales”.
  • “Lamento mucho que haya fallecido por cáncer pulmonar. ¿Fumaba?”. O, si fue por un ataque al corazón, “¿Tenía sobrepeso?”. 
  • «Con lo bueno que era», 
  • «Siempre se mueren las personas buenas». 
  • «Se le veía tan lleno(a) de vida»; o
  • “Dime si necesitas algo”.
  • Regla 2: No hay un lado bueno.

Cuando Parte alguien que uno quiere, el deudo se encuentra desprotegido en un lugar oscuro. Nada que le digan le va a alegrar y menos los comentarios que inician con la frase: “Al menos…”:

  • “Al menos ya no está sufriendo”.
  • “Al menos tienes otros hijos”.
  • “Al menos no se murió de sida”.
  • “Al menos ahora ya puedes tener tu propia vida”; o
  • “Al menos ahora te puedes mudar a otro lugar, con un mejor ambiente”.

Esta expresión ‘Al menos’ no va a ayudar. Se está intentando obligarlos a ver el lado positivo cuando se sienten devastados. 

  • Regla 3: Muchísimo cuidado con expresiones religiosas-cliché

Compartir nuestras creencias sobre Dios y el Cielo con una persona que no es creyente también puede no ser bien recibido. Si el deudo no piensa o cree como uno, es posible que uno pase como insensible y hasta hiriente. Expresiones como éstas son muy dañinas, y hay que evitar:

  • “Ah, supe que eran gemelos. Supongo que Dios no pensaba que pudieras lidiar con dos bebés a la vez”. 
  • “Dios te da sólo lo que puedes soportar”.
  • “Ahora está en un mejor lugar”.
  • “No seas egoísta, está disfrutando del Cielo”. 
  • “Era el plan de Dios”. 
  • “Dios lo quería con Él en el cielo”; o 
  • “Algún día lo volverás a ver”.
  • Regla 4: Dejar que sientan lo que quieran

No decirle a alguien que está de luto cómo debe sentirse. Tal vez quieran sentirse vulnerables. Quizá necesitan llorar muchos días sin parar. No decir cosas como: 

  • “Sé fuerte”.  
  • “Resiste”.
  • De hecho, lo más útil que se puede decir es: 

“Lo que sea que estés sintiendo, y cuanto sea que lo sientas, está bien”.       Y algunos testimonian que eso es liberador para ellos. 

  • Regla 5: Lo que puedes hacer y deberías decir.
  • Entonces, ¿qué deberíamos decir?

 (i) Si se conocía a la persona difunta, contarle al deudo una anécdota de esa persona, lo ideal es que sea por escrito, para que todos los familiares lo puedan leer. No hay un mejor regalo que una anécdota del ser querido justo en el momento en que parece que ya no habrá más nuevas historias.

(ii) ¿Y si no se conocía a la persona difunta?, se sugiere lo siguiente:

  • “No conocía a tu [mamá/papá/amigo/hermano(a)/hijo(a)], pero conociéndote a ti, seguramente era una persona… [elegir un adjetivo apropiado]”.

. (iii) Si sólo interactuamos con los deudos circunstancialmente, como al encontrártelos en la calle o en un funeral, he aquí algunas sugerencias:

  • “Sé cuánto la querías”.
  • “Ojalá supiera qué decirte”.
  • “No puedo ni imaginarme qué estás sintiendo, pero aquí estoy si necesitas hablar con alguien”.
  • “Lo siento mucho” (estas tres sencillas palabras siguen siendo lo mejor, lo más atinado y lo más fácil).

b. Finalmente, si en verdad nos importan los deudos, hacer algo práctico para ayudar. Actuar:                                   (i)  Hay una amplia gama de maneras para apoyar. Un abrazo en el momento indicado, llevar comida, escuchar cuando la persona necesita hablar, ver cómo está, mantener el contacto en épocas festivas.

(ii) Llevarles algo de comer (o cenar). Ayudarles a lavar la ropa. Llevarle a los niños un par de horas a pasear. Y, lo que más importa, si se da el caso, hablar de la persona que falleció, y darles a entender que no la olvidan.

. CONCLUSIÓN.

Estas son sólo algunas recomendaciones en líneas generales que se pueden tomar en cuenta.  Claro que toda situación es única dependiendo del grado de cercanía que se tenga con la persona que Partió o su familia.  Lo más importante es mostrar apoyo y consuelo a los dolientes a través de la compañía, respeto al difunto, así como mostrarnos generosos a ayudar en lo que haga falta.

Por lo que, cuán pertinentes son las palabras de nuestro Señor, poco antes de volver a la Presencia del Padre: “No se turbe vuestro corazón… En la casa de mi Padre muchas moradas hay… voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn.14:1-3).

¡Qué Dios le bendiga!

(Ps. Raúl L. Peña Ramírez)