LA VIRTUD DE LA SANTA CENA VIRTUAL

. TEXTO: 1Corintios 10:16-17 y 11:23-33.

. INTRODUCCIÓN.

Nuestras iglesias hoy se están esforzando por descubrir cómo amar y cuidar bien a sus miembros, ante un desafío sin precedentes, como el que vivimos en este tiempo del COVID19. Si bien podemos aprender de algunos ejemplos históricos, la tecnología de este tiempo, nos ofrece nuevas oportunidades para cuidar y guiar a las personas a través de esta crisis, que Dios mediante, pronto pasará.                   
Es esencial que los pastores hagamos lo que podamos hacer para animar y alimentar a los creyentes, incluso cuando no podemos reunirnos físicamente. Esto ha hecho surgir la interrogante sobre cuál es la mejor manera de reunirnos, si transmitir servicios en vivo, proporcionar una guía de liturgia para practicar en casa, o cerrar por completo, junto con las preguntas e inquietudes apropiadas sobre las dos ordenanzas centrales: del bautismo y la Cena del Señor, en particular.                         
Se ha dicho que, los desafíos y el sufrimiento nos brindan un terreno fértil para resolver consideraciones bíblico-teológicas, y no debemos desperdiciar esa oportunidad. La iglesia nunca cierra, aún cuando en este tiempo de pandemia se ha limitado nuestra capacidad de reunirnos físicamente. 

. ALGUNOS ALCANCES.

  • Dos verdades que sobresale, en medio del distanciamiento social obligatorio que vivimos: 
  • Fuimos creados para relacionarnos, y ningún esfuerzo virtual podrá reemplazar lo bueno y delicioso de estar juntos como iglesia.“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”(Sal.133:1);
  • Pero esta separación también nos presenta una oportunidad inigualable para despertar en el corazón del pueblo de Dios un lamento genuino y un anhelo profundo por volver a reunirnos para adorar juntos al Señor, y recordar su obra de redención. “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sion (Sal. 137).
  • Es poderoso y conmovedor saber que la Iglesia Local está reunida (aunque sea virtualmente) para adorar juntos en una temporada de incertidumbre.
  • Del mismo modo, si una iglesia decide extender la práctica de la Cena del Señor, pueden anticipar cuán dulce será celebrar cuando nuevamente se reúnan físicamente.
  • A medida que los pastores y los ancianos disciernen lo que es mejor, dentro de los límites de las Escrituras, hay una medida de flexibilidad para su iglesia. 
  • Hay un precedente bíblico para la Cena del Señor mientras estamos dispersados.

Hechos 2:42-47 “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos. 

  • EL CONTEXTO HISTÓRICO:
  • Muestra el poder del testimonio de la iglesia como comunidad, y que el testimonio de la iglesia no se limita a eventos individuales como asambleas. A medida que las personas se reunían en los patios del temploy partían el pan en sus hogares,sus corazones eran nutridos y alentados. Adoraban a Dios juntos, y “el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos”.
  • Cada vez que los cristianos comparten una comida juntos, reflejan a Cristo como el que ha servido la mesa para su amistad y unidad, lo cual es una sombra de nuestra unidad en la Cena del Señor. Festejamos en anticipación del último banquete en las Bodas del Cordero, y brindamos por nuestro Rey Resucitado y Su Reino.
  • EL CONTEXTO DE HOY:
  • Sin embargo, a pesar de no ser un escenario ideal, compartir la Santa Cena virtualmente, como medio de gracia, es vital para nuestro crecimiento en Cristo, ante un distanciamiento social que con la Ayuda del Señor, paulatinamente irá acabando para iniciar otra etapa en nuestra vida eclesial.
  • Al reflexionar sobre esta circunstancia nos recuerda que, Dios ha permitido estos tiempos únicos en donde hay componentes de la vida de la Iglesia local que podemos continuar teniendo, como ejemplo: orar unos por otros. Pero hay otros que hemos perdido temporalmente, como el congregarnos. Y deberíamos abrazar este tiempo de tristeza y lamento, teniendo la certeza, que el tiempo para reunirnos nuevamente, cultivar nuestra koinonia y compartir el pan y el vino pronto llegará. 

. CONCLUSIÓN:

  • La Santa Cena no es una comida común, y la Biblia nos advierte firmemente sobre los peligros de tomarla a la ligera o indignamente. La celebración de la Cena del Señor nos invita a anhelar el regreso de Cristo, según Mateo 26:29

 “Y os digo que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre”.Y es nuestro ruego que este periodo de ausencia y distanciamiento nos lleve a desear aún más el día en que podamos comerla juntos, no sólo con la Iglesia reunida, sino mejor aún, con Cristo.

  • También el hecho que la Iglesia no pueda hoy celebrarla bíblicamente, todos juntos en comunidad, debe ser un motivo más para que la Iglesia esté de rodillas delante del Señor, suplicando Su misericordia para que derrame Su gracia sobre ella y así podamos volver a vivir la vida de la Iglesia como fue diseñada por Él.
  • Anhelemos el día en que nuestras Iglesias estén juntas físicamente de nuevo, y en ese momento, mostremos nuestra profunda alegría de renovar la comunión unos con otros, centrada en Cristo, usando la más bella imagen que Cristo nos ha dado para hacerlo: su Mesa.
  • Lo mismo se puede aplicar para la situación temporal, mientras nuestras Iglesias continúan reuniéndose con familias, grupos pequeños, o reuniones de Zoom. Por lo que, alentamos a nuestros miembros a preparar lo mejor que puedan los elementos antes que nuestros servicios empiecen, y a prepararse lo mejor que puedan para participar durante todo el servicio de adoración al Señor. Por supuesto, es mejor estar juntos físicamente, y si el Señor lo permite, ya lo estaremos en algún momento. 

¡Qué el Señor le bendiga!

(Raúl L. Peña Ramírez)